Hecho para la vivienda localLa Romareda se construyó alrededor del estadio en los años sesenta y setenta, cuando Zaragoza crecía hacia el sur, y es hoy uno de los barrios residenciales más buscados de la ciudad: torres y bloques altos de ladrillo con portero, garaje y jardines comunitarios a lo largo de la avenida de Isabel la Católica, Eduardo Ibarra, Luis Vives y Violante de Hungría, con el Parque Grande, el hospital Miguel Servet, el Clínico y el campus de la plaza San Francisco a un paso. El piso típico es grande, de ciento diez a ciento sesenta metros, con cuatro dormitorios, dos o tres baños, salón comedor de doble ventana, cocina cerrada con galería y, en muchos, antiguo cuarto de servicio y terraza. Dentro, parqué de roble, puertas de madera, radiadores de hierro y una distribución de pasillo que hoy se reforma abriendo la cocina y uniendo dormitorios. No hay obra nueva: todo lo que se vende es segunda mano, y en el barrio conviven el piso recién reformado, con cocina abierta y suelo recuperado, y el piso que sigue como en 1975, con papel pintado, cortinas pesadas, muebles castellanos y la lámpara de araña del salón. Es este segundo el que más llega al mercado. En las fotos, un salón de treinta y cinco metros parece cargado y oscuro, el parqué desaparece bajo las alfombras y los dormitorios de patio salen sin vida. El despeje digital retira muebles, cortinas y alfombras en un paso y devuelve a cada estancia su parqué y su doble ventana; después el mobiliario entra claro y a escala, con el mismo estilo en toda la vivienda. Suelos, carpintería y radiadores no se mueven.
Por qué funciona en la RomaredaEn la Romareda compra la Zaragoza asentada: médicos y personal de los dos hospitales, profesores de la universidad, familias que quieren el Parque Grande y los colegios del entorno y matrimonios que vuelven al barrio en el que crecieron. Es un mercado local de reposición, con una oferta corta que llega por herencias y cambios de casa y con precios entre los más altos de la ciudad después del Centro, sobre todo en las torres de Isabel la Católica y en las plantas altas con vistas al parque. El comprador conoce los portales, compara en Idealista decenas de anuncios de la misma tipología y sabe exactamente lo que compra: metros, orientación y comunidad. Lo que decide entre dos pisos iguales es la reforma, y el piso sin reformar tiene que competir en la misma búsqueda con el reformado del portal de al lado. Aquí es donde la foto marca la diferencia de precio: el salón heredado con muebles castellanos invita a pedir rebaja y a descontar la obra dos veces; el mismo salón despejado y amueblado en claro, con el parqué y la doble ventana a la vista, enseña un piso con potencial y consigue la visita de la familia que lleva meses buscando en el barrio. La nueva Romareda, con el estadio y el entorno renovados, va a dar al barrio un impulso que los anuncios todavía no reflejan, y la página de presentación de cada vivienda, con las imágenes ambientadas junto a los originales, es la manera de contarlo antes de la visita.
Estilos que venden en la RomaredaEl Clásico renovado, con el parqué a la vista y tapizados claros, rejuvenece un piso de los setenta de Isabel la Católica sin borrar su carácter; en una vivienda reformada junto al Parque Grande funciona el Moderno cálido, y en una torre con vistas al estadio, el Escandinavo luminoso que aprovecha la altura.